Crisis del 30

Se pueden observar  tres secciones en el proceso de esta crisis
En la primera sección, se interrumpe el sostenido crecimiento de las exportaciones mundiales a causa de la depresión económica-financiera de 1929. Hubo un decaimiento de las exportaciones y por consiguiente, una caída en el volumen de las importaciones, que no sólo afectó al comercio sino que además disminuyó el movimiento de inversiones. En cuanto a las repercusiones que esta transformación causó en nuestro país, es necesario aclarar que profundizó la crisis del modelo agroexportador, y no pudo difundir respuestas positivas a los nuevos problemas, debido a su incapacidad.
En la siguiente sección, la segunda
, se produce un cambio en las condiciones de desarrollo, en donde el factor "exportación" deja de ser el elemento dinámico de la demanda global y es cambiado por otros componentes, especialmente la inversión. Este último componente, a través de la sustitución de las importaciones, conduce a la expansión dela demanda global, al aumento de la producción local y a la acumulación de capitales. Este proceso de sustitución de importaciones hace que nuevas empresas o industrias, especialmente de carácter liviano, comiencen a producir los bienes importados anteriormente. Pero simultáneamente, este proceso debería ser acompañado por una política económica que oriente a la industria. Al demorarse esta política económica, se profundizó el estancamiento del sistema, culminando en enfrentamientos políticos y sociales. Argentina es un claro ejemplo.
La tercera y última sección
 la conforma la política económica orientada hacia la industrialización. Aquí aparece la influencia de Keynes, que en su teoría, exigía el ensanchamiento de las funciones del gobierno. En dicha política, se adoptaron soluciones como el abandono legal de la convertibilidad y la regulación de la producción, adecuándola a la demanda. Pero, aunque se hayan tomado medidas al respecto, entre 1935 y 1943, el país vivió un importante desarrollo industrial, al que le faltó una protección estatal.
Dichos factores, tanto externos como internos, sumados a la depresión de 1929, son los responsables del crecimiento industrial de nuestro país, que comenzó a mediados de la década de 1
930.

 

Consecuencias indirectas de la crisis: comienzo del avance industrial

Ciertos factores externos, como quizás la Primera Guerra Mundial y sin duda la crisis económica-financiera de 1929, serán en buena medida responsables del crecimiento industrial de nuestro país, que ya es apreciable a mediados de la década de 1930.
Las causas principales de la industrialización que toma cuerpo en esta época son:
a) La disminución de las exportaciones argentinas, en valor y tonelaje, que hace que se carezca del número necesario de divisas para continuar importando gran cantidad de mercaderías que empiezan, progresivamente, a elaborarse en el país (sustitución de importaciones).
b) La desvalorización del signo monetario, complementariamente con el inciso anterior.
c) El aumento de los
derechos aduaneros a partir de 1931.
d) La regulación gubernativa de las importaciones, para ajustarlas al nivel de
ventas argentinas.
e) La existencia de un mercado
consumidor relativamente importante en lo que a la iniciación de ciertas actividades atañe, por ejemplo en el campo de la industria liviana.
f) La existencia de una mano de obra abundante, barata y competente.
g) La presencia de industrias auxiliares desarrolladas (algunas materias primas, construcción de equipos industriales, etcétera).
h) El desmantelamiento de industrias en los países más adelantados (ejemplo
Estados Unidos), que dejaba inactivos valiosos planteles cuya utilización había que procurar.
i) La existencia en aquellos países, de capitales y técnicos en condiciones de ser exportados y que habían quedado disponibles por la crisis en los
negocios y la desocupación.
j) La mayor ganancia que prometía la actividad industrial en un país no suficientemente desarrollado económicamente, que
permitiría el
empleo de menor proporción de capital fijo.
k) La necesidad de ajustar la producción a los gustos del consumidor y brindarle una oportuna flexibilidad.
La industrialización abarcó sólo determinadas áreas geográficas de nuestro país (
Buenos Aires, Gran Buenos Aires y el litoral). En 1935, la industria textil abarcó cerca del 17% del personal obrero argentino; el 92% de los obreros textiles se encontraban en un radio de veinte kilómetros de la plaza del Congreso, fabricándose en la Capital Federal y alrededores el 87% de la producción textil nacional. Para 1938, Buenos Aires concentraba el 62% de establecimientos manufactureros, el 72% del total de obreros y empleados, el 64% de la fuerza motriz y el 74% del total de la producción.
La industrialización fue paralela también al fenómeno de las migraciones internas rural-urbanas. El lapso de 1930 a 1943, la industria en crecimiento debe buscar su mano de obra dentro del país.
En el resto del país, las provincias que enviaban a la población a los centros urbanos y se descapitalizaban, la época contempla la culminación del proceso inverso, la del retroceso industrial.
El Estado practicó respecto a ese aspecto un "proteccionismo al revés" en lugar de apoyar decididamente el proceso.
Antes de la Primera
Guerra Mundial, Argentina se ajustaba cómodamente al molde de los tradicionales principios de la división internacional del trabajo en el marco geográfico: el comercio consistía en la exportación de productos agrícola-ganaderos a cambio de combustibles y ciertos bienes manufacturados, con respecto a su cliente principal (Inglaterra). Pero las consecuencias del conflicto bélico, más la crisis de 1929, dislocaron esa aparente estructura que quería corresponder al concepto de la mano invisible de Adam Smith que vigilaba los mercados y las leyes de la oferta y la demanda. Debieron intentarse algunos remedios: primero, una reorganización de la política impositiva, que teóricamente debía vender a una mejor distribución del ingreso nacional; por otro lado el fortalecimiento de los ingresos de los grandes ganaderos y agricultores, que fue la preocupación dominante de los gobiernos conservadores que sucedieron a Yrigoyen. La tercera vía era el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales mediante la industrialización, con el consiguiente incremento del mercado interno de consumo.
La industrialización como tal no fue prohibida por el gobierno, pero sí se la dificultó mediante el uso de los derechos de
aduana y del control de cambios desde 1932.
Bajo el sistema entonces predominante, las autoridades favorecían la
importación de artículos terminados por los cual, en ocasiones, resultaba más conveniente el traslado in toto de fábricas extranjeras a nuestro país, que la solicitud de divisas de los industriales locales para comprar maquinarias. En muchos casos, los dueños de las maquinarias extranjeras recibían, en vez de efectivo, acciones de la nueva compañía.
Los derechos de aduana fueron utilizados de tres modos: primero, los derechos sobre las materias primas, que eran superiores a los de los artículos terminados o semielaborados. En segundo lugar, funcionaba una
discriminación oculta en relación a las tarifas aduaneras, ya que se fija un mayor valor por el kilogramo de materia prima que el kilogramo de producto terminado o semiterminado. Finalmente, no consideró la pérdida de materia prima en el proceso de la manufactura.
Otras desventajas que encontraba la industria nacional, fueron la falta de capitales locales, dispuestos a intervenir en ella y la renuncia de los
bancos a conceder créditos a mediano plazo. El Banco de Crédito Industrial sería creado más tarde por el gobierno militar surgido del movimiento del 4 de junio de 1943.
La industria argentina ha crecido a saltos desde 1935. El país, impedido a continuar su desarrollo mediante las exportaciones, comenzó a crecer desordenada y dispersamente hacia dentro.
Si bien hacia 1943, la base de las actividades económicas argentinas todavía reposaba en el campo, las industrias de transformación ya se había desarrollado con firmeza y variedad. Estas industrias utilizaron productos nacionales y algunas materias primas importadas, librando al país de la tradicional importación de manufacturas provenientes del exterior.
Con posterioridad a 1939, Argentina era autosuficiente en algunos ramos, especialmente aquellos pertenecientes a la industria liviana.
Durante el lapso entre 1935 y 1943, el país vivió un importante desarrollo industrial al que faltó totalmente la protección estatal, brindada en cambio a los productores y comerciantes en carne y granos.

 

Cristina Suárez

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