Un gran maestro
A un gran maestro
Este 29 de julio se cumplen 7 años de la muerte del Dr. René Favaloro, de un hombre irremplazable, un ser que vivió para hacer el bien a la humanidad, un hombre de una vida sencilla, con altos valores morales y éticos, provenía de un hogar muy humilde y poseía una inclinación marcada por los pobres.
Vivió con ¡garra! siempre adelante llevando la antorcha de los objetivos claros y del camino justo, siempre decía que en la perseverancia estaba el triunfo.
Estoy hablando de un gran médico, un cirujano que tenía la gran tarea de hacer que el corazón de sus pacientes encontrara la calma, la paz y el alivio buscado, algunos para seguir en este mundo y otros para partir serenos, confiados de la mano de un amigo hacia lo desconocido, el lugar de los silencios.
Se recibió de médico en 1948 y durante 12 años ejerció como médico rural en la localidad de Jacinto Araoz .
Era un hombre de grandes amores, su familia, su esposa, su profesión, sus pacientes y sus amigos.
Como le gustaba mucho la docencia, se dedicó a enseñar, fue un gran maestro, para nada egoísta, todo lo que sabía lo trasmitió y también creó su gran obra,
Lejos estaba de imaginar que esa sociedad por la que tanto hizo, un día le daría la espalda. Ese capitalismo internacional, donde el hombre pasa a deshumanizarse, donde el afán del poder lo lleva a la injusticia social, a la corrupción y a las más despiadadas de las miserias humanas.
Paradójicamente un 14 de julio de 1923, nacía René Favaloro, para quién el destino le había preparado un camino difícil, pero que él supo construirlo con dedicación, espero, vocación, y sabiduría, después de 77 años un 29 de julio del 2000, se suicidaba.
Una decisión tan inesperada para quien era un “grande” nos conmovió a todos, familiares, a sus amigos más íntimos, a los que lo conocían a través de su obra y los que no y a los que se enteraron de su existencia a través de la noticia de su muerte
Considero que su muerte fue una pérdida irreparable, pero su legado fue demostrar que nunca se rendía y aunque la manera que eligió para dejarnos para muchos sea un acto cobarde, nos dejó un gran mensaje, hacerse a un lado para que el sueño de su Fundación crezca, perdure, siga firme.
Fue un llamado de atención a todos, con su actitud nos dijo…. ¡ no se dejen derrotar por el Poder político de exclusión¡ ¡ no permitan que los aplasten¡ ¡si tengo que hacerme a un lado, para demostrarle a ese pueblo que tanto amo, que el sistema de salud en
Creo que todos le debemos pedir perdón, por estar ciegos, por haber dejado que se apoderen de nuestras ideas, de nuestras convicciones, de nuestros sentimientos, de nuestros valores, de nuestros códigos y de nuestra gratitud.
Investigando en la web, pude abrir una página de un amigo del Doctor Favoloro, Carlos Penelas, filósofo, escritor argentino de enorme trayectoria en el ambiente literario y académico. Cuenta Carlos Penelas que conoció al que fuera su gran amigo en el año 1978 cuando le acercó un libro del escritor Luis Franco a quien el Doctor Favoloro admiraba y luego fue encargado de las Relaciones Públicas de
Carlos Penelas escribió “Diario íntimo de René Favoloro” un ensayo biográfico que nace como una forma de recordar la figura del Doctor Favoloro.
Dice que se le hizo difícil escribir este libro ya que debía buscar la manera que el mismo no pareciera un recordatorio, ni un homenaje, porque en su testamento el Doctor René Favaloro lo había prohibido.
Algunas palabras y datos biográficos fueron extraídos de la página de Carlos Penelas, quién me autorizó a usarlas.
Soy docente y como tal quise citar la vida del Doctor René Favaloro como “ejemplo”, de moral, de ética, de esfuerzo, de estudio, de valores, de dignidad, de grandeza, de sensibilidad, de coraje y sobre todo de alguien que dedicó su vida a sanar “el corazón”, un órgano tan vital que sirve de cofre para guardar algo tan preciado para los seres humanos como son los sentimientos.
Cristina Suárez