Violencia en la escuela

ALFREDO MOFFATT    Reportaje de Héctor González  

Revista “La educación en nuestras manos” de SUTEBA

 

¿Cómo ve la problemática de la vio­lencia en la escuela?

Alfredo Moffatt: El mundo ha per­dido posibilidades de simbolización, es decir de acuerdos, de proyectos, que es lo que hace que el hombre sea distinto del animal. Es un mundo des-simbolizado, en el sentido de que vale más la acción que la palabra. La palabra es­tá devaluada, nadie cree en ella, entonces lo que sucede son acciones agresivas, desconcertantes.

El humano pertenece a dos sistemas. Uno es el sistema del cuerpo y sus acciones como pelearse, hacer el amor, el trabajo físico. Son cosas que tienen que ver con los movimientos. Las situa­ciones angustiantes muchas veces dan lugar, especialmente en la adolescen­cia, a un comportamiento donde esa angustia sale, se expresa a través del mundo corporal, sobre todo como violencia. La otra na­turaleza del hombre es que tiene men­te, capacidad de simbolización. Son naturalezas, sistemas distintos.

Por ejemplo, el soldado está adies­trado para la acción: se le dice que no piense, es jodido pensar en un cuartel, no discute, no piensa, sólo hace.

En cambio la escuela es lo contrario al cuartel, es el lugar de lo simbólico, de la palabra. La palabra pertenece a ese otro aspecto humano que es la capacidad de inter­cambiar símbolos, de dialogar, de trabajar con abstracciones. A los maestros los mandan a la escuela como mandaban a los chicos a Malvinas, a pelear con borceguíes de cartón. La escuela está orga­nizada para la transmisión y el aprendizaje de la palabra. Es un lugar donde la gente tiene que estar con el cuerpo quieto y la mente atenta, incorporando el mundo simbólico, el del pensamiento. En ese mundo organizado para lo simbólico aparece una po­blación muy incluida en el mundo violento, cargado de acción, donde la palabra está devaluada, tiene otro tipo de interacción como es la acción y expresa su frustración con la violencia. Al docente se le plantea una situación bastante difícil. Se me ocurre como broma  escribir un artículo cuyo título sea "Técnicas defensivas de karate para defenderse de los alumnos". El maestro se ve hoy incluido en un mundo desconcertante, un mundo que no maneja; porque está entrenado para el símbolo y no para la acción. Si en la escuela, que es el lugar de transmisión de lo simbólico aparece la acción, es algo que rompe. La acción en una escuela es como un zorro en un gallinero, se puede resolver, pero ya es un destrozo porque hoy la escuela no usa los controles convencionales, por ejemplo tantas amonestaciones si contestaba mal o tiraba una tiza al pizarrón. Las transgresiones más graves de antes serían hoy inimputables; patear a una profesora en la cabeza, pelearse con cuchillos, matarse entre ellos o no tomar ninguna de las instrucciones del profesor, él explica y ellos están conversando o haciendo otra cosa. El docente está formado para una realidad donde la escuela existía como espacio pedagógico, es decir, donde al­guien venía deseoso de aprender los símbolos. Esa formación no ha sido cambiada, no le han enseñado karate psicológico como para poder manejar esto que hoy pasa. Llegan desarmados a la escuela como los chicos que fue­ron a las Malvinas. Iban al frío a pelear con borceguíes de cartón. Los maes­tros actuales están en una situación así. Están formados con unas normativas operacionales de 30 ó 40 años de antiguedad, donde las blancas palomitas llamadas por una campanita, entraban a la es­cuela para recibir el amor de la maestra. Bueno, hoy, las palomitas están to­das revolcadas, sin plumas, la cam­pana se la afanaron, y la maestra está con los pelos parados, desesperada. Creo que hay que ser medio héroe pa­ra ser maestro en estos momentos.

 

P: ¿En qué medida puede la escue­la enfrentar esta situación?

A. M.: Si la institución escolar no modifica algunos de sus "modus ope­randi", no va a poder contener a una po­blación de chicos que vienen vio­lentos porque la sociedad se ha conver­tido en violenta. La sociedad entera ha perdido las ideologías y los ideales. Que se pierdan las ideologías en última instancia no es tan grave, pe­ro cuando se pierden los ideales sí, porque son los que organizan el mundo simbólico en donde hay metas. Si no hay metas no hay más que presente y en el presente hay acción. El presen­tismo menemista era justamente muy eficiente porque podía cambiar de un día para otro cualquier cosa que dijera porque "era pragmático". En reali­dad era una presentidad animal, sin recuerdos ni proyectos que desorientaba a todos.

Ahora todo está armado en base a la especulación, al individualismo com­petitivo, que impide lo grupal, que im­pide lo esperanzado. Porque la ganan­cia no tiene historicidad, un billete de 100 dólares no es un proyecto, es una capacidad de canjearlo por un objeto pero no tiene que ver con la esperanza.

En este contexto, el Estado no toma en cuenta lo que significan estas condi­ciones difíciles y hace una reforma. Es el peor momento. Es como si en un buque en medio de una tempestad empiezan a cambiar los mástiles de lugar. Es absur­do pero le sirve al gobierno como una fantasía de que están haciendo algo.

 

P: Uno de los pilares de esta refor­ma en la provincia de Buenos Aires la ruptura de la estructura del sistema, con la consi­guiente irrupción de los adolescentes en la hasta ahora escuela primaria, ¿cómo ve esto?.

 

A.M: Los chicos viven a los 12 años una época muy difícil que es la irrupción del terremoto hormonal de la pubertad. De golpe el mundo imagina­rio infantil pasa a ser el mundo de lo real, de lo concreto; aparece la sexuali­dad como exigencia energética concre­ta. Antes de ese momento la sexualidad estaba a nivel de la libido, de lo imagina­rio -es decir- con el osito la nena se arre­glaba pero después de la pubertad apa­rece la presencia de lo real. En pocos meses el humano cambia de ese mundo mágico infantil, de lo imaginativo, del juego, al mundo de lo concreto, donde la sexualidad y las hormonas le exigen el contacto con otros. Es un momento de despersonalización, entra en el mundo de acción de la vida, es una situación muy brusca, que a veces los adultos olvida­mos porque fue muy traumática. Esa sensación de desconcierto, de haber aprendido todas las respuestas a las preguntas de la infancia y de pronto en dos, tres meses, nos cambiaron todas las preguntas. Y con esas respuestas de niño, ¿qué hago?.

Estos chicos inmersos en un país donde la palabra es deva­luada y la acción valorada, atravesando el momento de des­personalización más traumatizante de toda su vida, cuando entran a un lugar con un congelamiento de técnicas de ha­ce 40 años, se les hace muy difícil de sostener; los maestros no tienen defensas a menos que se cambien algunas cosas. La escuela está indefensa. Y el go­bierno no lo quiere reconocer por una cosa muy sencilla, porque es el gobier­no el que produce ese "presentismo" agresivo. No puede existir un estudio honesto sobre esto desde el Estado, como no lo puede haber sobre los chicos de la calle, porque si se van a buscar las causas es por el sistema económico que destruye las familias. Sistema eco­nómico que impone este gobierno. Entonces Atilio Alvarez, el Secretario de Minoridad y la Familia, sale diciendo que los chicos de la calle son conse­cuencia de las chicas de la calle que quedan embarazadas; es genial: nacie­ron de un repollo y se siguen reprodu­ciendo, nada tiene que ver el sistema económico.

 

P.: ¿Se puede hacer- algo?

A.M.: Siempre se puede hacer al­go. Lo principal es tomar conciencia de es­to. No es algo que le pasa al docente sino que está metido en una trampa.

Lo primero que tiene que hacer es trabajar lo que se llama la contra-transferencia. Es decir, qué le pasa con la violencia. Le pueden pasar muchas cosas: quedar paralizado; volverse vio­lento él también, se controla porque no les puede pegar pero queda contraído; puede producirle tristeza, sensa­ción de impotencia, de desvalorización por quedar desautorizado y deprimir­se; quizás ponerse paranoico en el sen­tido de que lo van a agredir (por ejemplo tiene mucho miedo de que un chico lleve un cuchillo y eso condiciona toda la clase, llevándolo a ponerle notas al­tas a ese niño que lo puede agredir con una navaja), pero eso está en su mente más que nada.

Le pueden pasar muchas cosas. Lo que seguro le va a pasar es una situa­ción de contracción crónica que se lla­ma stress que le va a hacer reventar al­gún órgano, posiblemente la garganta. O le puede producir una situación de frustración grande, de confusión y ha­ce lo que se llamaba antes un "surme­nage". Ser consciente no significa que se modifique, pero permite ver cómo se trabaja eso. Además cuando se con­scientiza, eso que a uno le pasa baja; no hacerlo hace que el síntoma crudo aumente su malignidad psicoló­gica. En síntesis que se dé cuenta qué le pasa con lo que pasa, para que no haga la misma estrategia que hace otra maestra, por que a ella le pasa otra cosa. Es tratar de saber qué me pasa al ver un chico drogado, por ejemplo, porque también puedo sentir impotencia exa­gerada. Tomar distancia es el consejo y evitar lo que se llama quedar pegado. Hay una situa­ción de violencia y de pronto siente que quiere retorcerle el cuello. Darse cuenta, to­mar distancia en el momento, se puede hacer y se llama disociación. Al mirarse a sí mismo, pensamos "éste me está sacando", verlo impide que se convierta en síntoma. Uno hace consciente lo que le pasa y aunque después sigue pasando, es de otra manera.

Recomiendo también que el docente vea la clase como un grupo, porque los que están en una cla­se actúan en estructura. Hay un niño que se porta mal pero hay alrede­dor quienes le proponen eso, o ese chi­co haciendo tal cosa consigue cierto prestigio en el grupo. El problema es que al docente le han enseñado a leer caso por caso. Caso por caso, manejándose con palabras, y buscando la con­servación de lo dicho. Pero el aprendi­zaje es lo dicho más lo que el chico propone, no repetición de lo dicho, y sólo palabra. Los paradigmas tienen que ser grupales, incluyendo el cuerpo y la acción más lo ya existen­te en el alumno. Claro… una maestra me va a decir "yo no soy especialista en grupos", pero hay que tratar de ver más el fenómeno grupal, ver cómo interac­túan entre ellos, porque por allí hay lí­deres que si se los capta todos los de­más van detrás.

Y después, por supuesto hacer inte­resante el tema de estudio. La idea es que responda a alguna necesidad de los chicos, sería pescar y trabajar con el deseo del alumno. Claro, es difícil, porque a lo mejor uno les pregunta ¿qué quieren hacer? y ellos dicen "nada...". Es trabajar con lo que le pasa al otro, no con lo que uno va a imponer sino con lo que va a escuchar. Es verdad que los chicos están apáticos, es que están sorprendidos. Creo que ser adolescente en este momento es insalubre. Ser adolescente es entrar a un mundo que uno respeta. Y este mundo no se respeta a sí mismo. Estamos en una crisis pero tampoco hay que desesperarse demasiado. Esto es importante decirlo porque  una crisis es también un momento de cambio y yo apuesto a que el cambio sea para mejor.

 

C: Al docente le resulta difícil trabajar con chicos inmersos en este clima de violencia ¿Qué tendría que saber?

A. M.: El lenguaje de los chicos es la acción, yo lo he visto con chicos de la calle, que tienen muy exagerado ese modo de comunicación. Una patada según como sea dada quiere decir "andate", "quereme" o "esperá un cachito'. El maestro ve sólo una patada, pero entre los chicos son acciones significantes. Entonces es empezar a aprender también qué quiere decir lo que hace, porque si sólo estamos atentos a la palabra nos quedamos fuera del mundo simbolizante del chico que son las acciones simbolizantes. Los primitivos, los delincuentes y los locos, tienen mucha interacción es base a actos. En cambio la maestra tiene una atención en la palabra, de pronto ve todo un pre-caos ­donde hay en realidad formas muy primitivas de comunicación.

Es difícil pero por lo menos la maestra tiene que saber que eso tendría que saberlo y no lo sabe. Tendría que saber trabajar grupalmente, tendría que saber trabajar con lo que se llama su contra-transferencia, con lo que le pasa, tendría que saber trabajar con algo que tenga que ver con el mundo del chico, tendría que saber leer lo gestual. Y no lo sabe. Por lo menos saber todo lo que no le han enseñado y es específico para eso. La mandaron a pelear a las Malvinas con un rifle sin mira telescópica, de modo que tiene que acercarse a 5 metros para darle al inglés, con botas de cartón en un lugar de trincheras y agua. Que sea conciente que está peleando en muy malas condiciones desde la estructura y las consignas de las autoridades educativas, que son absolutamente inadecuadas, a-históricas, estereotipadas. Que sepa esto ya es importante porque puede en algún momento sentir que es ella la que no puede. La situación que se está viviendo no es una alucinación del docente. Es una trampa real.

 

Autoridad o autoritarismo

En una situación confusional como la actual es muy peligroso retirarse de la obligación de la escuela que es generar un universo normativo. Exagerando, yo volvería a las amonestaciones correctas, la fila, el or­den, porque eso genera como un universo ordena­do en un momento de mucha confusión y desor­ganización. Es como un paciente, que cuando está en confusión se le dice "usted va a venir de tal hora a tal hora, va a hacer tal o cual cosa". Y no es autoritarismo sino que es reinstalar el mundo de la organización, porque la no orga­nización es locura. En ese sentido estoy de acuerdo con que la escuela tenga una estructu­ra normativa, flexible, interesante, que no sea antigua, con acuerdos de normas a cumplir, porque es psicológicamente protector, lo contrario genera mucha angustia. Lo que pasa es que la dictadura militar fue tan autoritaria y tan cruel que hi­zo confundir autoridad con autoritarismo. La autoridad es una cosa que organiza la vida, todo organismo vivo, y una escuela es un organismo vivo, tiene que tener nor­mas que hagan posible su funcionamiento. Lo que suce­de es que después del proceso militar fue tan loco el po­der, que quedó desprestigiado y desvalorizado todo lo que sea norma. Eso permitió toda la impunidad que sucedió después. Que se puedan matar a 30.000 personas y no ir presos hace que nadie más pueda ir preso por nada. Hasta que no vayan pre­sos esos que mataron a 30.000, un tipo puede decir: "yo ma­té a 4 personas nada más, ¿me van a meter preso a mí?”. Y entonces apareció la corrupción que es la de­sintegración social. Si ca­da tanto un juez es puesto preso, o la policía roba o mata, eso es algo paradojal; si me asalta la policía ¿a quién voy a llamar para que me defienda? ¿a los ladrones?. La es­cuela tiene que reorganizar. Reorga­nizar jerarquías que son no por autoritaris­mo sino por responsabilidad de experiencia. El que tiene más experiencia debe tener más responsabilidad en la conducción. Cualquier tipo de "laissez-faire" en este momento es muy peligroso.

 

 Recopilación Cristina Suárez

 

 

 

Un argentino emblemático

UN ARGENTINO EMBLEMÁTICO

 

            Tipo querido si los hay, aún por los que no tuvimos el gusto de dialogar personalmente, sin duda fue el "Negro" Roberto Fontanarrosa; humorista de la fina estirpe de los elegidos por el voto tácito de la gente, como uno de los grandes de verdad en lo suyo; que en pocos trazos y en breves textos era capaz de arrancar una sonrisa y hasta una carcajada al más serio; siempre con un humor de tipo popular, no solo para elegidos de alguna élite intelectual rebuscada.

            Sin duda en el grupo más conocido y querido de los humoristas gráficos actuales, me hace acordar también el vacío que dejó otro grande, allá por los '70: Fidel Pintos, un gran personaje cómico –sin groserías y muy a lo argentino- que engalanaba y jerarquizaba la televisión.

            Creo que muchos, una legión de lectores, vamos a extrañar a Inodoro Pereyra, con su humor tan elaborado y a la vez tan claro y popular; del cual me permito rescatar aquella frase que nos pintó tan bien en épocas del derrumbe total al cual marchábamos a paso acelerado: "mal pero 'acostumbrao' " –todavía aplicable ahora-; poniendo una gota de fina y sana ironía en el marco de incertidumbre y angustia generalizado que parecía que nos cerraba el horizonte.

Parafraseando a Jauretche, había quienes "nos querían ver tristes, para hacernos sentir derrotados", y tipos –tipazos- como Fontanarrosa, fueron partes importantes del antídoto que nos permitió sobrevivir a "tantas pálidas", cuando nos querían (¿o nos quieren?) hacer sentir a todos los argentinos culpables de las corruptelas y groseras tropelías de una minoría vandálica e insensible.

            También recordaremos alguna que otra frase, de las muchas que con festejado y muy esperado desenfado, se despachó en el Congreso de la Lengua Castellana, en su ciudad de Rosario; mostrando que lo culto no está necesariamente separado de lo cotidiano, de lo popular,…en fin, de lo entrañablemente argentino.

            Como tal fue futbolero de alma, filósofo del tablón, según cuentan hombre de amigos entrañables de café del barrio; y declarado admirador de las mujeres bonitas, que por cierta hay muchas en su Rosario natal.

Posiblemente uno de los mayores rasgos de su extraordinaria personalidad, es que "no se la creyó", ni cayó en la tilinguería de pretender ser un "intelectualoide de avanzada", como suele ser tan común en la casta de los colonizados mentales, de la cual tan lejos demostró estar.

Si tuvo una pizquita de Fe del tamaño de un grano de mostaza –que seguramente la tuvo-, seguramente ya estará haciendo reir a San Pedro, camino a entrar al Paraíso de los elegidos, de los humildes de espíritu, de los grandes en el marco de su sencillez y espontaneidad, no exenta de filosa y sana picardía.

Hijo dilecto de su hermosa ciudad, que nos perdonen los rosarinos, pero… ¡el Negro Fontanarrosa es patrimonio de todos los argentinos!

 

 

 

CARLOS ANDRÉS ORTIZ

 

 

Recopilación de datos: Cristina Suárez

 

 

Un asteroide para un gran maestro

 

 

 

Entrevista la Lic. Carlos López: Poner a un asteroide el nombre de un maestro

 

 


Nota: Sebastián Musso*
sebastianmusso@cielosur.com

 

Entrevista Licenciado Carlos López
Descubridor de 5077 Dr. René Favaloro.

Ponerle a un asteroide el nombre de un maestro

El Licenciado Carlos López es el descubridor de un asteroide que desde hace algunos días ha sido reconocido por la Unión Astronómica Internacional con el nombre del Doctor René Favaloro. Quizás podamos encontrar alguna relación entre ambos personajes, quizás ese deseo de que la ciencia sea humanitaria y que mejore la calidad de vida de las personas ya sea desde la saludo o desde un mejor entendimiento de su entorno.

Se describe como una persona bastante tranquila y tolerante. De esas que prefiere callar antes que enfrascarse en sonoras discusiones. Si tiene que hablar un poco de más, prefiere hacerlo con sus plantas (asumo eso por la sabiduría popular que nos dice que hay que hablarles para que crezcan más, cosa que desconozco en qué teoría cosmológica se funda). Jardinero aficionado y gran lector Carlos es un hombre común con un trabajo para muchos fuera de lo común.

“Me gusta leer. En general leo cuanto papel escrito cae en mis manos aunque, por supuesto, tengo temas preferidos: historia (si es argentina, mejor), historia y evolución de la ciencia, historia y evolución de nuestro idioma y temas generales de epistemología.”

López, desde los 9 ó 10 años empezó a sentir cierta atracción por el cielo y sus estrellas. Se pasaba horas (sobre todo en las noches de verano) tratando de “descubrir” meteoritos. En más de una oportunidad recibió los retos de su padre que le pedía que bajara de la atalaya improvisada en el techo de su casa. Pero López recuerda que fue en la escuela donde recibió su primer empujón para acercarse a la astronomía y convertirla en su pasión diaria y su modo de vida

Cómo fue el descubrimiento del asteroide hoy llamado Favaloro? ¿Cómo fue que surgió la posibilidad de llamarlo así?

En realidad el asteroide Favaloro fue descubierto casi 6 años antes de llegar a San Juan, cuando yo aún era estudiante en Córdoba. No obstante, al arribar a San Juan, comencé a elaborar una serie de programas de reducción de placas (que no existían en el OAFA) que de alguna manera ayudaron a confirmar objetos o a proporcionar posiciones adicionales que, a posteriori, motivaron que el Minor Planet Center (MPC) adjudicara a nuestro observatorio el descubrimiento de algunos asteroides.

Desde la lamentable desaparición del Dr. Favaloro (lamentable por la forma en que ocurrió, lo inesperado de la noticia y el contexto general de la actividad científica del país y porque la muerte de todo ser humano es un hecho lamentable en sí misma) inmediatamente Favaloro comenzó a flotar en la mente de todos como posible nombre para uno de nuestros asteroides. Casi con seguridad que el primero en mencionarlo fue Juan Sanguin, gran colaborar y amigo que falleció los primeros días de enero de este año.

El tiempo fue pasando y hace unos meses, revisando la lista de asteroides aún no bautizados, nos dimos cuenta de que debíamos hacer algo, en forma perentoria, respecto de nombre definitivos para nuestros asteroides. Uno de los que más insistió en este sentido fue el Dr. Ricardo Gil Hutton. Así fue como reflotamos nombres que alguna vez habíamos mencionado: Favaloro fue el primero en resurgir y, por supuesto, también quisimos homenajear a una persona que le dedicó su vida a la observación de asteroides: Juan Sanguin. En forma inmediata propusimos al MPC los nombres de Favaloro, para el asteroide 5077 y Sanguin para el 5081, que obviamente fueron aceptados.

Me resulta muy llamativo que haya despertado tanto interés el hecho que hayamos bautizado un asteroide con el nombre Favaloro. Desconozco el motivo, en realidad. No obstante se me ocurre pensar que –tal vez- tomó a todo el mundo por sorpresa; es decir, se podría esperar que se le ponga Favaloro a un hospital o un centro de salud primario (hay uno en el departamento Rawson de la provincia de San Juan), o sea, algo relacionado con la actividad principal del Dr. Favaloro. Pero ¿un asteroide Favaloro? Supongo que al principio –para más de uno- tiene que haber sonado como insólito y hasta imposible. Pero es así, hay una asteroide que se llama Favaloro.

Carlos López es uno de los tantos actores principales que tiene la astronomía de nuestro país, son los que intentan humilde pero genialmente sumar algunas líneas en un gigantesco libro donde intentamos explicar el Universo que nos rodea. Es argentino, confiesa que durante mucho tiempo luchó por “mejorar lo mejorable”, él cree no haberlo logrado, piensa haberse desecho de tal pretensión, y luego de mantener este diálogo, a uno le queda la sensación de que no es tan así.

Frente a sus alumnos quizás logre contagiarlos de esa misma pasión por la ciencia que le inculcara su maestra de la primaria, o aquella profesora de historia que empujó a su joven alumno a convertirse en astrónomo. Quizás Carlos dedique noche tras noche a observar y analizar lo que le cuentan las estrellas, quizás repita en las aulas anécdotas de la historia de la astronomía sin saber que él mismo esta escribiendo algunas, quizás este un poco contagiado de aquel asteroide descubierto por él hace más de 30 años o mejor dicho, por el maravilloso nombre que hoy tiene. Ojala, muchos de los que recuerden dentro de muchos años a Carlos López no lo hagan pensando en el científico, mucho mejor será que lo recuerden… como maestro.

 

(*)Sebastián Musso Divulgador Científico
Co-editor Cielo Sur.

NOTICIAS DE LA SEMANA: 3 de diciembre de 2006 (alta calidad)

Designan con el nombre de Favaloro a asteroide descubierto en San Juan. Nota al Lic. Carlos Lopez. Buzz Aldrin propone viajes privados económicos al espacio. Stephen Hawkins evalúa los medios más eficaces para viajar a las estrellas. Todo listo para el despegue del Discovery este 7 de Diciembre (29 minutos)

 

Publicado: Cristina Suárez

 

 

 

 

 

 

 

Un gran maestro

A un gran maestro   

                                                                                                      Este 29 de julio se cumplen 7 años de la muerte del Dr. René Favaloro, de un hombre irremplazable, un ser que vivió para  hacer el bien a la humanidad, un hombre de una vida sencilla, con altos valores morales y éticos, provenía de un hogar muy humilde y poseía una inclinación marcada por los pobres.

Vivió con ¡garra!  siempre adelante llevando la antorcha de los objetivos claros y del camino justo, siempre decía que en la perseverancia estaba el triunfo.

Estoy hablando de un gran médico, un cirujano que tenía la gran tarea de hacer que el corazón de sus pacientes encontrara la calma, la paz y el alivio buscado, algunos para seguir en este mundo y otros para partir serenos, confiados de la mano de un amigo hacia lo desconocido, el lugar de los silencios.

Se recibió de médico en 1948 y durante 12 años ejerció como médico rural en la localidad de Jacinto Araoz .

Era un hombre de grandes amores, su familia, su esposa, su profesión, sus pacientes y sus amigos.

Como le gustaba mucho la docencia, se dedicó a enseñar, fue un gran maestro, para nada egoísta, todo lo que sabía lo trasmitió y también creó su gran obra, la Fundación Favaloro.

Lejos estaba de imaginar que esa sociedad por la que tanto hizo, un día le daría la espalda. Ese capitalismo internacional, donde el hombre pasa a deshumanizarse, donde el afán del poder lo lleva a la injusticia social, a la corrupción y a las más despiadadas de las miserias humanas.

Paradójicamente un  14 de julio  de 1923, nacía René Favaloro, para quién el destino le había preparado un camino difícil, pero que él supo construirlo con  dedicación, espero, vocación, y sabiduría, después de 77 años un 29 de julio del 2000, se suicidaba.

Una decisión tan inesperada para quien era un “grande” nos conmovió a todos, familiares, a sus amigos más íntimos, a los que lo conocían a través de su obra y los que no y a los que se enteraron de su existencia a través de la noticia de su muerte

Considero que su muerte fue una pérdida irreparable, pero su legado fue demostrar que nunca se rendía y aunque la manera que eligió para dejarnos para muchos sea un acto cobarde, nos dejó un gran mensaje, hacerse a un lado para que el sueño de su Fundación crezca, perdure, siga firme.

Fue un llamado de atención a todos, con su actitud nos dijo…. ¡ no se dejen derrotar por el Poder político de exclusión¡ ¡ no permitan que los aplasten¡ ¡si tengo que hacerme a un lado, para demostrarle a ese pueblo que tanto amo, que el sistema de salud en la Argentina se derrumba, lo haré! Tuvo que soportar que se olviden de la ciencia, esa a la que él había defendido con honor, la que presentó internacionalmente con orgullo.

Creo que todos le debemos pedir perdón, por estar ciegos, por haber dejado que se apoderen de nuestras ideas, de nuestras convicciones, de nuestros sentimientos, de nuestros valores, de nuestros códigos y de nuestra gratitud.

Investigando en la web, pude abrir una página de un amigo del Doctor Favoloro, Carlos Penelas, filósofo, escritor argentino de enorme trayectoria en el ambiente literario y académico. Cuenta Carlos Penelas que conoció al que fuera su gran amigo en el año 1978 cuando le acercó un libro del escritor Luis Franco a quien el Doctor Favoloro admiraba y luego fue encargado de las Relaciones Públicas de la Fundación Favoloro.

Carlos Penelas escribió “Diario íntimo de René Favoloro” un ensayo biográfico que nace como una forma de recordar la figura del Doctor Favoloro.

 

Dice que se le hizo difícil escribir este libro ya que debía buscar la manera que el mismo no pareciera un recordatorio, ni un homenaje, porque en su testamento el Doctor René Favaloro  lo había  prohibido.

Algunas palabras y datos biográficos fueron extraídos de la página de Carlos Penelas, quién me autorizó a usarlas.

Soy docente y como tal quise citar la vida del Doctor René Favaloro como “ejemplo”, de moral, de ética, de esfuerzo, de estudio, de valores, de dignidad, de grandeza, de sensibilidad, de coraje y sobre todo de alguien que dedicó su vida a sanar “el corazón”,  un órgano tan vital que sirve de cofre para guardar algo tan preciado para los seres humanos como son los sentimientos.

 

Cristina Suárez

 

 

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