Una relación incómoda
“Mujeres, feminismo y educación sexual: una relación incómoda”
La honra de la mujer dependía de su conducta sexual y las mujeres sabían poco sobre su propia sexualidad. En los círculos sociales o familiares, no se tocaba el tema de la función de los órganos femeninos ni de la reproducción humana y menos aún se escribía sobre el tema en diarios y revistas femeninas. La familia de la mujer debía ocuparse de que ella se mantuviera respetable, porque su honra personal arrastraba la honra de su familia. Esta inquietud se manifestaba más en la mujer de clase media y alta que las obreras pobres, a pesar de que la mujer pobre estaba más expuesta, debido a su situación económica. Las costumbres sexuales generaron aún más tensión cuando, merced a la creciente urbanización y mayor educación, las mujeres de clase media y alta comenzaron a abandonar la protección del hogar y a trabajar en ocupaciones que las ponía a diario en contacto con hombres.
Alicia Moreau de Justo recordaba… “En esa época (1900-1905), a una muchacha que saliera sola, sin compañía, y sobre todo si salía al anochecer, y más de noche, ya le ponían un sello encima. Y no se lo ponían los hombres solamente, sino también las mujeres”
La privacidad que rodeaba el desarrollo y ejercicio de las funciones sexuales, las convertía en asuntos médicos solamente y, como tales, quedaban bajo el control de los hombres.
Pero en el decenio de 1890, se permitió el ingreso de mujeres a
Las primeras médicas trataban solamente a pacientes femeninas y ejercían la medicina familiar. Fue así como las médicas pudieron ver los estragos que las enfermedades venéreas producían en sus pacientes. Apoyándose en el prestigio de su profesión y en la inmunidad que ésta les prestaba para hablar de temas tabúes, las médicas podían ocuparse de la sexualidad de la mujer, del sistema reproductivo, de los aspectos sanitarios, del embarazo no deseado y el aborto.
Elvira Rawson de Dellepiane en 1892, escribió su tesis de título en Medicina sobre “higiene de la mujer” dando inicio a una larga carrera de la salud de la mujer. Aunque escribía desde un punto de vista médico, propuso modelos aceptables de conducta personal y social. Conocer las funciones del cuerpo, era indispensable para aprender a cuidarlo. La llevó a referirse a la mujer frígida que aceptaba los deberes conyugales como una carga, destacó los aspectos positivos de la higiene y de la maternidad y aconsejó a las mujeres casadas cómo cuidar sus órganos sexuales, sostenía que la madre debía amamantar a sus hijos y cómo llevar a término un embarazo de una manera natural y no como una enfermedad. Con tino escribió la necesidad de comprender los cambios físicos y mentales de cada ciclo. La pubertad un cambio inquietante para muchas niñas, debido a la ignorancia d su propio cuerpo. La mujer pobre quedaba expuesta a un ambiente hostil y la promiscuidad de las hacinadas villas marginales de Buenos Aires, se sumaba al daño fisiológico que sufría el sistema reproductivo debido al trabajo en fábricas insalubres o improvisadas.
Con eufemismos pero siempre objetivas y precisas, sus observaciones y sugerencias, abrió el paso al estudio más amplio de asuntos que hasta entonces se consideraban “delicados”. Ella y otras médicas, disiparon la imagen de la mujer como ángel de espiritualidad e introdujeron la voz femenina en debates sobre las funciones sexuales.
Recopilación de información - Cristina Suárez